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sábado, 1 de enero de 2011

La cueva

Sobre el cristal transparente de la taza se reflejaban las luces del año que estaba por terminar. La infusión de manzanilla temblaba con los movimientos del suelo y se hacían ondas que se dibujaban amarillas y concéntricas.

La miraba, pero sobretodo la escuchaba. Le ponía toda mi atención mientras los ruidos del bar desaparecían del espacio que nos separaba.

Tenía la boca rígida, las cejas casi juntas y la mirada baja y evasiva. Era evidente que no estaba bien, aunque hubiese intentado ocultarlo por sobre todas las cosas. Respiraba pausadamente, pero con exalaciones entre cortadas. Estaba tranquila pero sabía que le faltaba aire.

-Me siento en una cueva. O algo que parece una cueva, un lugar donde no hay ni el menor atisbo de luz, y todo es oscuridad.- me decía modulando su voz y pensando cada palabra; pensando escrupulosamente cada palabra.

-Nadie decide si quiere estar o no en ésta cueva. Es algo que pasa como todo lo que tiene que pasar en la vida. ¿Te dije que es muy oscura? No hay ni siquiera una lucesita, un reflejo o un brillo. Sin embargo, lo peor es que pierdes el equilibrio, la consciencia de donde estás y a donde tienes que ir. La consciencia de quien eres.
El piso es de fango. Es muy fácil caer y quedar inmóvil en la trámpa de arena. Se oyen voces y ruidos, vienen de todas partes. Hay que escoger de entre todos ellos, porque son éstas las únicas señales para salir, y para lograrlo, hay que hacerlo solo, sin ayuda de nadie, porque así son las reglas del juego.
La caverna no existe fuera de tí mismo, es una ilusión personal y eres tu el unico capaz de encontrar la salida.
Hay sonidos y voces que te confunden, te empujan y te hacen caer. Si resbalas puedes no volver a levantarte y quedarte siempre en la oscuridad, rodeado de todos esos fantasmas y demonios.
Ahora estoy en esa cueva, y escucho voces que me desconciertan y me empujan. Ayer caí, pero me pude levantar y por eso ahora hablo contigo. Por eso ahora tengo fuerzas (aunque son pocas).
Tu no puedes ayudarme. Eres una voz más, de esas que me dicen el camino; pero soy yo la que tengo que caminar y andar adelante. No te preocupes si no puedes ayudarme más, así es este juego cruel que nadie decide jugar. Estoy donde nunca imaginé, donde no hubiera querido.- Se detuvo derrepente y dando un suspiro que vino del infinito.

Los primeros copos de nieve comenzaron a caer justo al otro lado de la enorme ventana. La gente sonreía y caminaba más aprisa, mientras cerraban sus abrigos y se acomodaban las bufandas.

Estaba inmóvil, su mirada se clavaba en la taza vacia. Disimulaba sonreir, aunque era evidente que apenas podía. Después dijo:
-Es una oscuridad imposible de describir, y enmedio estás solo tú, entre todas esas voces y ruidos- y entonces dejó de sonreir, o de intentar sonreir. Para después mirar los copos que no se detenían y que seguían bailando con la briza del aire del último dia del año.

Roma, Diciembre 2010

lunes, 11 de agosto de 2008

Mare Serenitatis




Torreón es difícilmente amable; hay mil y un motivos para detestar la ciudad.

Lo extraño es que las cosas positivas son tan buenas, que muy pocas pueden pesar más que todo lo malo junto.

El cielo de la noche, despejado como solo aquí: con todas esas estrellas y luces brillando como niñas sobre un columpio.

Y sobre la luna todos esos mares, tan secos como el aire intermedio, y con nombres de país encantado: Mar de la Fertilidad, del Néctar, del Frío, de las Nubes.

Ninguno como el Mar de la Serenidad.

sábado, 19 de julio de 2008

El Partido de la Felicidad

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En China hay un templo llamado de la "Eterna sabiduría", en el capitolio cubano un enorme y casi interminable salón "de los pasos perdidos"...
Me resultan curiosos y extraños estos nombres que no necesariamente representan una realidad, más bien metaforizan algún concepto relacionado -y de pasada les facilitan el trabajo a los promotores turísticos con esos nombres tan poéticos e idílicos-.

En Turquía existe un "Partido de la Felicidad". Una agrupación política de centro derecha e islamista, con todo lo cáustico que esto significa en un estado donde el debate del laicismo es a muerte y sangre. Creo bastante lejos de la posibilidad de "ser feliz"...

Llama la atención el nombre por lo que invita a pensar:

¿Quiénes votan al partido de la felicidad?

¿Los deprimidos? ¿Los que sueñan? ¿Los infelices?
¿Las compañías farmaceuticas productoras de valium y xanax?
¿Los recién casados? ¿Los deshauciados? ¿Los kurdos (infelices)?

Pasé varios minutos inmóbil -realmente inmobil, en la baba-, imaginando desde la sede del partido en Ankara hasta el discurso de victoria de algún alcalde recién electo (muy feliz, obviamente); mis estúpidas fantasías se detuvieron cuando recordé que en 2006 voté por el PRD -partido de la revolución democrática-; que no resulta ser ni revolucionario, ni democrático (recordando el desmadrito de las últimas elecciones internas), y como la política es universal, y los políticos igual de lacras en todas partes -ojo, en Europa y las otras democracias LA LEY es la que controla las cochinadas, pero el espíritu humano es la misma base ovunque- asumo entonces que el caso turco es la misma gatas patas pa'rriba de la eterna historia del poder.

Sin embargo me gusta pensar en la idea del "Partido de la felicidad"; no solo por lo bien que suena, sino por incluir esa palabrita: FE-LI-CI-DAD, que no ha dejado de obsesionarnos como humanidad, secula seculorum.

Orhan Pamuk, también turco, escribió en Kars:

"Cuando uno es feliz nunca sabe que lo es. Años después decidí que había sido feliz de niño; en realidad no lo era. Pero tampoco era tan desgraciado como en los años que siguieron. Cuando era niño no me interesaba la felicidad..."

Aquí el link (advierto que entrar NO garantiza felicidad ): http://www.sp.org.tr/

miércoles, 9 de julio de 2008

Anděl (stanice metra v Praze)




Hay una escena en Kolya donde el músico pierde al niño en una estación de metro. El pequeño sube las escaleras eléctricas sin estar consciente, solo mirando atento y con unos enormes ojos de plato, los murales soviéticos que estampaban la pared. Trabajadores, obreras y campesinos, todos en coreográficas posiciones que exaltaban al mejoramiento patrio y al orden.



Nunca supe qué le sucedió a la decoración de la estación que conocí en la película - se llama Andel y está en la parte suroeste de la ciudad, al otro lado del Voltava-. La que encontré poco se parecía. Me provocó tristeza no poder encontrar esos escombros de fetiches comunistas que esperaba toparme -ya estaba ilusionado-; sin embargo encontré el por entonces flamante nuevo edificio de Nouvel, el Zlaty Andel.



Eso es Praga, un plato hecho de pedazos viejos y contemporáneos apelmazados, amontonados y resquebrajándose el uno con el otro. Hasta la modernidad es nostalgia.




















lunes, 26 de mayo de 2008

lunes, 11 de febrero de 2008

Paisajes del fin del mundo (conocido por mí)





Algún día de Mayo de 2005, sobre un autobús que subia lentamente la cordillera.


Viajábamos desde Arequipa hasta Puno cuando pasamos por estos paisajes.


A más de tres mil metros de altura la vegetación apenas aparecía; lagunas de azules extraños, casi negros y cerros muy erosionados que nos miraban sin decir nada.

Algunas llamas (o vicuñas o alpacas) apareciendo de vez en cuando para recordarte que eso no era un desierto.

sábado, 9 de febrero de 2008

Cuadernito de viajes, Trinidad Cuba









Nos separamos por la tarde.


El calor no dejaba tomar siestas largas, y apenas si había viento que refrescaba los poros de la piel; me decidí entonces a salir, caminar y sentir el suelo empedrado en las plantas de mis pies. Cada piedra cuenta una historia, y a mi siempre me han fascinado las historias.

La ciudad estaba casi desierta, apenas si pasaba algun distraído que había olvidado hacer un pendiente en la mañana, para evitar el calor de esas horas.

Me gustaba caminar por la sombra, de ahí se ve mejor el reflejo de la realidad.

En la calle encontré un viejo que vendía libros usados. Nada interesante, salvo un manual soviético de construcción de los años sesenta, bastante destartalado, igual que la vida de aquel hombre, que por lo que me dijo, estaba bastante necesitado de plata.

Después de treinta minutos de intentar convencer al viejo de mi auténtica ausencia de dinero, y de la inutilidad que es tener en México un manual constructivo de la época de Nikita Kruschov caminé dos cuadras más, en dirección al centro donde encontré un cafecito bastante curioso.

Tenía ventanas enormes, y desde dentro se podía ver una animada partida de dominó. Al interior el joven mesero criollo platicaba con una chica unos años menor que él. Entre ambos había un enorme frigorífico con paletas de hielo y vacitos de nieve.

El calor era el mismo, pero la luz del sol había cambiado.

Apenas salí todo era dorado, hermosamente dorado, onírico y fugaz. Como ver por primera vez el Retablo de los Reyes o el convento de las Capuchinas de Tlalpan.

Luz que no es luz porque solo la he visto pocas veces.

Cuando pienso en Trinidad me recuerdo de esa luz dorada del atardecer que se me ha aparecido pocas veces en esta la vida mia.

jueves, 17 de enero de 2008

Cuadernito de viajes, Viñales Cuba



Ese dia esperaba el camión que debía de llevarme de regreso a La Habana en compañía de Marina.
Tardó mucho, y en la espera comencé a escribir y dibujar.
El dia estaba precioso, no hacía mucho calor y soplaba brisa por el portal donde yacía recostado -estaba sobre las maletas; las cuidaba al mismo tiempo que evitaba el suelo duro-.
Marina llamaba a Francia, visitaba las pocas tiendas, charlaba con quien se le pusiera en frente, andaba de un lado al otro. Impaciente, inquieta.

Esa tarde paseamos por el malecón de la Habana; nos reencontramos con Sarah y Héctor.
Caminamos buscando un lugar para cenar, y caminando y pensando en la cena y en la plática dejé de recordar esa mañana en Viñales. Ahora no solo la recuerdo; la reescribo.